Blaue Gans
Un local novato entre los austríacos de éxito Thor, Wallsé y Strabarsky. El Gans es un local alto y abierto, lleno de carteles de arte. En el centro del local está una mesa grande y alargada, donde se sientan los veinteañeros modernos juntos con las familias recientes, sin ningún problema. En el menú encuentras principalmente platos clásicos como Gulash Suppe, Bratwurst y Wiener Schnitzel, pero no esperes raciones enormes de esta comida rústica: todo está preparado sutilmente y servido en porciones decentes. ¡Menos mal! Están como para morirse los Salzburger Nockerl con Huckleberries. Disfruta del personal que lucha con todas estas palabras dificiles en alemán. Si no conoces al cocinero, no es posible reservar. Por cierto es un local para volver a visitar.
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Peep
Picante, más picante y además muy picante, aquí no es exagerado. Un restaurante tailandes en una sala larga y estrecha. Desde el baño puedes mirar por la pared blindada de espejos. ¿De dónde realmente viene este nombre? Nothing to hide, porque la cocina está abierta también. Más que nada hay que probar los Scallops Peep Style. Si de verdad te resulta demasiado caliente, apágatelo con una auténtica cervecita tailandesa o con uno de los deliciosos cocktails. ¿Será por la comida o por los precios bajos que siempre está llenísimo y ruidoso este local?
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Gin Lane
El trendy de Nueva York vuelve a los años 20. Los años de la Prohibición, de los Salones. Observamos las butacas chesterfield, paredes cubiertas de terciopelo y enmaderadas de roble. El mixólogo se queda ofendido al pedirle un cocktail de wodka. No se llama Gin Lane para nada. El fogón, pieza central del salón, es en realidad el puesto del DJ, que comienza su maniobra después de las 10. La clientela trendy viene aquí para tomarse un par de ostras con Alaskan King Crab Legs o un filet mignon a la poivre antes de una noche de copas en los clubs elegantes del Meatpacking District. ¿Volvamos a los locos años 20?
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Caf
No visitas la Neue Galerie para ver a Gustav Klimt o Egon Schiele. Todo el mundo realmente viene para el Café Sabarsky, que lleva el nombre de su fundador. Se encuentra en un precioso edificio de estilo Art Nouveau de principios del siglo XX. Te imaginas encontrándote en Viena. Decorado con paredes de madera con ornamentos, mesas de mármol y en la ventana unos juegos de mesas y asientos de terciopelo con flores. Aquí se sirven - con estilo - principalmente especialidades alemanas y austríacas y es el mejor lugar para un buen desayuno o almuerzo: Wiener Frühstück, Spätzle (un tipo de pasta del sur de Alemania), salchichas vienesas y goulash húngaro de ternera. La Mozarttorte (combinación de chocolate nueces de pistacho y caramelo de turrón) es una exquisitez que debes probar en absoluto. En los meses otoñales se ofrecen funciones semanales de cabaret o hay música de piano en directo. No está de moda, pero aun así muy popular. Todos los fines de semana hay colas de gente del Upper East Side esperando a una mesa. Un refugio estupendo si te encuentras en humor nostálgico. O si francamente te gusta mucho el garbo y la buena comida.
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Jane
No es para nada un juego de niños el brunch en Nueva York. Resaca o no, cada domingo los habitantes de Nueva York se echan a disfrutar de huevos escalfados, blinis y gofres. Y, yendo de punta en blanco. Jane ya lleva mucho siendo el lugar donde ser visto durante “la mañana después”. En el local con techos altos lleno de mesitas se ve una mezcla de habitantes del barrio y parejas guapas, y zumba de materia para conversar. Guisos tan buenos como Vanilla Bean French Toast o el Lobster Benny están a precio razonable y te dejan soñar que toda la vida fuera un brunch largo. Por si acaso te has perdido la mañana del domingo, puedes venir para el Sunday Special por la noche: Steak, salmón o la hamburguesa Jane por 12 dólares. Y para la gente que siga con hambre también hay Milk & Cookies muy famosos. Caliente y cremoso. La única desventaja de la fórmula de éxito de Jane es que te hace falta una paciencia de ángel o que tengas influencias para obtener una mesita.
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